Capítulo 1
Antes del hambre
Antes de la comida hubo una historia.
Antes de la digestión hubo un cuerpo que aprendió a adaptarse. Antes del síntoma hubo una forma de vivir que había convertido la resistencia en normalidad. Por eso el hambre no empezó nunca solo en el estómago. Muchas veces empezó en una tensión más antigua, en una inquietud de fondo, en una necesidad de regular algo que no sabía nombrar.
De niño aprendí que el cuerpo podía ser una herramienta. Servía para moverse, trabajar, resistir, aguantar, seguir. No siempre lo sentía como hogar. A veces era más bien el vehículo que me permitía avanzar. Si había miedo, me movía. Si había inquietud, hacía. Si algo dolía, seguía.
El movimiento fue una de mis primeras formas de regulación. La bicicleta de montaña, muchos años después, me dio un silencio que no encontraba en la mente. El cuerpo en movimiento podía calmar lo que la palabra no alcanzaba. Pero incluso entonces seguía usándolo para sostener, descargar, compensar.
También llegaron los límites. Accidentes, lesiones, dolores, hernias, señales que decían: este cuerpo no puede ser tratado como si fuera infinito. Yo escuchaba a veces, pero no siempre. La vieja costumbre de seguir era fuerte.
Por eso, cuando más adelante la comida se convirtió en alivio, no apareció de la nada. Entró en una biografía corporal que ya conocía la tensión. Un cuerpo que vive en alerta puede confundir descanso con llenura, consuelo con alimento, intensidad con vida.
Comer puede ser nutrición. También puede ser celebración, placer y vínculo. Pero puede convertirse en una forma de no sentir. Una pausa rápida. Un refugio. Una respuesta disponible cuando la emoción no tiene lenguaje.
No se trata de culpar a la comida ni al cuerpo. Se trata de mirar el origen del gesto. Muchas veces no comemos solamente por hambre. Comemos porque algo en nosotros busca volver a equilibrio.
La primera pregunta del viaje no es qué estoy comiendo. Es anterior:
¿Qué estaba viviendo mi cuerpo antes de buscar comida?
Antes del hambre estaba la historia. Antes del síntoma estaba la desconexión. Y antes del colapso hubo muchos susurros diciendo: vuelve.
Gracias por leer este comienzo.
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