VIVIR RECORDANDO
Un camino humano hacia la consciencia
Hay momentos en los que seguir adelante ya no basta.
No porque la vida se haya detenido, sino porque algo dentro empieza a pedir otra forma de estar.
Vivir Recordando nace de un recorrido humano por el miedo, la adaptación, la pérdida, el cuerpo, los vínculos y la presencia.
No como una enseñanza.
Como una experiencia compartida.
ANTES DE COMPRENDER
Antes de comprender
Durante mucho tiempo viví intentando sostenerme.
Cambiar de país.
Aprender otros idiomas.
Adaptarme.
Trabajar.
Seguir adelante.
Por fuera, la vida continuaba.
Por dentro, permanecía una sensación difícil de explicar: la necesidad de estar preparado, de encontrar un lugar, de no perder el suelo.
Con los años empecé a comprender que muchas de las cosas que había llamado fuerza también habían sido maneras de protegerme.
No necesitaba juzgarlas.
Necesitaba empezar a observarlas.
EL MIEDO
El miedo
Sentir algo no significa saber todavía lo que significa.
Una tensión.
Una respiración que cambia.
El impulso de acercarse, detenerse o alejarse.
Durante mucho tiempo interpreté rápidamente aquello que aparecía dentro de mí.
Después descubrí que podía dejar un pequeño espacio.
Sentir primero.
Observar.
Y no tener que convertir inmediatamente la sensación en una conclusión.
LA SENSACIÓN ES UN DATO.
LA INTERPRETACIÓN ES UNA HIPÓTESIS.
SEGURIDAD
Seguridad
Durante años busqué seguridad construyendo.
Trabajo.
Proyectos.
Relaciones.
Fuerza.
Control.
Creía que, si conseguía ordenar suficientemente la vida exterior, algo dentro terminaría descansando.
Pero la vida no permanece quieta.
Los proyectos pueden caer.
Las relaciones pueden cambiar.
El suelo que creíamos firme puede moverse.
¿Puede existir una seguridad que no dependa de que todo permanezca bajo control?
VOLVER AL CUERPO
Volver al cuerpo
Había utilizado mi cuerpo durante años.
Para trabajar.
Para moverme.
Para resistir.
Para avanzar.
Pero utilizar el cuerpo no es lo mismo que habitarlo.
Poco a poco empecé a reconocer:
- el peso;
- el contacto con el suelo;
- la respiración;
- una tensión que aparece;
- un lugar que se afloja.
No necesitaba interpretarlo todo.
Podía sentirlo.
El cuerpo empezó a sentirse como hogar.
PERTENENCIA
Pertenencia
Durante mucho tiempo busqué mi lugar fuera.
En un país.
En una relación.
En un proyecto.
En la aceptación de otros.
Quizá porque pertenecerse a uno mismo no era algo que hubiera aprendido todavía.
Habitar el cuerpo no resolvió todas las preguntas.
Pero cambió el lugar desde el que empezaba a hacerlas.
Pertenecerse no es aislarse.
Es poder permanecer aquí antes de pedir al mundo que nos diga quién somos.
RELACIÓN
Relación
Estar con alguien no significa necesariamente estar presente.
Podemos estar muy cerca y, al mismo tiempo, reaccionar desde lugares muy antiguos de nosotros.
Esperar.
Defendernos.
Adaptarnos.
Aferrarnos.
Alejarnos.
Las relaciones empezaron a mostrarme cosas que solo no podía ver.
Pero comprender lo que el otro despierta en nosotros no significa convertirlo todo en responsabilidad propia.
Quizá relacionarnos no consista en fundirnos.
Quizá consista en encontrarnos sin dejar de habitarnos.
LÍMITE
Límite
Durante mucho tiempo confundí amor con aguante.
Pero permanecer cerca de alguien no debería exigir desaparecer de uno mismo.
Reconocer un límite puede empezar con algo muy pequeño:
una tensión;
una necesidad de espacio;
un cuerpo que se retrae;
algo que pide detenerse.
No siempre conocemos inmediatamente su significado.
Podemos escucharlo antes de convertirlo en una sentencia.
El límite sano
no separa.
Ordena.
ELECCIÓN
Elección
Entre sentir y reaccionar puede aparecer un espacio.
No siempre aparece.
Y no siempre es grande.
A veces es apenas una respiración.
Un instante en el que reconocemos lo que está ocurriendo antes de actuar.
Ahí empieza otra posibilidad.
No controlar lo que sentimos.
No negar el impulso.
Reconocerlo.
Y desde ahí:
elegir.
DEJAR DE LUCHAR
Dejar de luchar
Incluso sanar puede convertirse en otra forma de exigencia.
Querer comprenderlo todo.
Resolverlo todo.
No volver a sentir miedo.
Llegar finalmente a algún lugar donde nada vuelva a doler.
Durante un tiempo también viví así.
Hasta comprender que la paz no significaba que nada doliera.
Significaba poder sentir sin perderme completamente dentro de aquello que sentía.
No era dejar de vivir.
Era dejar de vivir en guerra conmigo.
VIVIR RECORDANDO
Vivir recordando
Recordar no es pensar.
Es volver a estar.
Sentir los pies en el suelo.
La respiración entrando.
El instante presente vivo.
La presencia puede aparecer:
al caminar;
al trabajar;
al escuchar;
al cuidar;
al descansar.
No hay que llegar a ningún sitio.
Hay regreso.
Vivir recordando no es vivir mirando hacia atrás.
Es recordar que podemos volver a estar aquí.
DECLARACIÓN DEL AUTOR
No escribo para enseñar.
Vivir Recordando no cuenta un camino perfecto.
Cuenta uno humano.
Con miedo.
Con impulso.
Con errores.
Con pérdidas.
Con vínculos.
Con búsqueda.
Con momentos de comprensión.
Y con regreso.
No pretende decir al lector cómo debe vivir.
Quizá simplemente pueda acompañarlo mientras reconoce algo de su propia experiencia.
EL LIBRO
Vivir Recordando
Un camino humano hacia la consciencia
Una obra autobiográfica y reflexiva sobre el recorrido desde la inseguridad, la adaptación y la necesidad de sostenerse hacia una relación más consciente con el cuerpo, los vínculos y la propia vida.